Estatua de El jorobao de Bilbao, en la sede de la Administración

La historia del jorobao se remonta a tiempos inmemoriales, aquellos en los que el Athletic ganaba las copas a pares. Cuentan los más antiguos que siempre se le veía rondar a media tarde por las calles del Casco Viejo, cantando entre dientes la historia de un inglés que vino a Bilbao y decidió no emprender el regreso a su Bretaña querida nunca más. Era de tez marcada y aspecto risueño, no le faltaba una ocurrencia que compartir con cualquier vecino con el que se cruzara.

Pocos sabían su nombre y casi nadie el lugar en el que vivía, pero cualquiera podía reconocerle desde la lejanía gracias a su simpatía y a la carismática chepa que adornaba la parte alta de su espalda. No era ésta obstáculo, ni mucho menos, para lucir la zamarra rojiblanca desde temprano los días en los que jugaba el equipo de todos. Si te cruzabas con él, el Athletic ganaba. Era una máxima.

Los txikiteros de la época cuentan que nunca decía que no a un buen txikito, aunque no conociera de nada al que se lo estaba invitando. Y también que llevaba la fortuna pegada a su txapela, por eso algunos vecinos le pedían ayuda para que la lotería que acababan de comprar les dejara al menos un pellizco.

-“Pasa el boleto por la chepa kabenzotz y verás que toca”, repetía.

No tardó en convertirse en un personaje querido y buscado por los vecinos del Casco Viejo, sobre todo cuando se acercaban las fechas navideñas. Y junto a los premios ganados por muchos de ellos nació la leyenda del ilustre jorobao de Bilbao, que repartía suerte a todos los que se le acercaban.

Noticias